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La ansiedad me domina

9/14/2026

Hoy, a pesar de no quererlo, de resistirme a ello, he ido a urgencias en mitad de mi jornada laboral. Por ansiedad. Me he resistido lo más grande y solo he cedido porque tras tener a dos personas haciéndome ver que no estoy bien... Me he empezado a marear al punto que casi me caigo de la silla.

La ansiedad es algo que ha habitado en mí desde siempre. Y ha sido así por varios motivos: por querer cumplir con las expectativas que se tienen, por no dejar tirado a nadie, por sentirme responsable de lo que tenía delante, porque a veces la vida te obsequia con esos maravillosos momentos donde la mierda orbita alrededor de ti toda en el mismo momento a punto de estallar contra ti como si fuera un gran planeta que atrae asteroides a un anillo con una órbita tan irregular que sabes que no se van a quedar ahí mucho rato, pero sí el suficiente como para sentir que esa presión dentro de tu cabeza crece y crece sin que le dediques ni siquiera un segundo de pensamiento consciente.

Y aquí estamos, escribiendo un texto que espero que sirva de vía de escape porque, por supuesto, un Lorazepam no era suficiente para calmar una ansiedad que se ha estado macerando lentamente desde hace meses por unas condiciones de trabajo un tanto peculiares, y que se ha cocinado en un instante por la confluencia de múltiples elementos imprevistos.

¿Por qué he de sentirme culpable porque me hayan dado una baja? ¿Por qué el chaval que me atendió en triaje por si tenía algo del corazón me vio con los ojos inundados en lágrimas y me dijo "Pues o cierras todo lo que te estresa... O lo vas a pagar con tu salud" como si yo tuviera este estrés por gusto?

Si por mí dependiera, habría solucionado la mayoría de los problemas que me atormentan dentro y fuera del trabajo en un momento, pero por desgracia, el origen de esos problemas escapa a mi control. Especialmente los del trabajo, que es lo que me ha llevado lentamente a un punto donde los problemas externos me han hecho explotar. Y os preguntaréis: "Si tan mal lo tratan en la empresa, ¿por qué no se larga?". Y mi respuesta a eso eso: "No es que me traten mal. Es que el sistema en el que trabajo es un apaño que va a pedales y acaba con cada ápice de mi paciencia, y los que tienen que arreglar esto... Ni se les ve ni se les espera, por mucho que me queje. Además, ya he echado un ojo al mercado. Ahora mismo estoy mejor donde estoy. Por desgracia."

Y... Ya está. No voy a sacar ninguna conclusión. Solo cierro este texto deseando que la presión del pecho se me vaya lo más pronto posible y que vuelva a recuperar la lucides que me está arrebatando la sensación de falta de aire.

Muchas gracias por leerme.

Que tengáis un feliz o, al menos, un no ansioso día.


Fdo.: Arukantara